Mitos y leyendas sobre la biodescontaminación por VH2O2
Llevo más de 7 años dedicado al desarrollo del negocio de sistemas de biodescontaminación de Solidfog Technologies. He podido ser testigo de los excelentes resultados logrados con su tecnología. Se trata de una solución innovadora, diseñada para cumplir las normas y expectativas del sector farmacéutico. Llegar a conseguir los primeros proyectos en nuestro país no fue tarea fácil. Al principio, en mis presentaciones, pude observar cierta incredulidad en la audiencia. Me di cuenta que había ciertos «dogmas» que nadie cuestionaba y este hecho impedía la apertura mental necesaria para entender que otras soluciones podían tener mayores ventajas según fuera el proyecto. Con el fin de poder explicarme mejor, empecé a investigar los porqués y la base científica que hay detrás de la biodescontaminación por H2O2, sea vaporizada o nebulizada. Pasados unos años haciendo pruebas y desarrollos de ciclo, creo que he conseguido suficiente experiencia práctica como para reiterar que, efectivamente, tales falacias perjudican mucho y no ayudan a definir correctamente los proyectos y/o a optimizar los procesos de biodescontaminación.
Ante esta situación, me he animado a escribir este blog en el que voy a citar algunas de las falacias que se dicen sobre la descontaminación con H2O2, tratando de explicar de forma clara y concisa porque tales aseveraciones son erróneas.
Falacia nº1 – El vapor de H2O2 (VHP) tiene una capacidad biocida superior al H2O2 nebulizado o niebla seca.
Esta creencia proviene de la idea de que la vaporización directa permite alcanzar niveles altos de concentración de H2O2 en la atmósfera. En cambio, la nebulización se percibe como un proceso menos eficiente y de distribución en fase líquida. En realidad no es así. ¿Cómo actúa realmente la nebulización que produce niebla seca? Este tipo de nebulización produce un aerosol o suspensión de partículas líquidas en un medio gaseoso. Estas partículas tienen la capacidad de desplazarse ocupando todo el espacio disponible, pero a la vez, por ser tan pequeñas, también se vaporizan. Esta vaporización se va produciendo hasta que la mezcla satura el ambiente. Entonces, ya no se evaporan más partículas y empiezan a ser visibles como niebla seca. Por tanto, la nebulización se puede ver como un método de vaporización en frío, en oposición a la vaporización directa, que requiere de una fuente de calor.
La pregunta clave para discernir acerca de la capacidad biocida de un método u otro es: ¿Cuál es el mecanismo que produce la muerte de los microorganismos? Si el H2O2 es una sustancia oxidante que destruye el ADN y las proteínas de las células, ¿Cuál es la mejor forma de entrar en contacto con los microorganismos para oxidarlos?
Los estudios realizados por Beatriz Unger-Bimczok et al (Influence of Humidity Hydrogen Peroxide Concentration and Condensation on the Inactivation of Geobacillus st.) demostraron que había una relación directa entre la condensación y el efecto letal. Muy resumidamente, se observó que se pueden lograr tasas esporicidas muy altas con una baja concentración (ppm de H2O2) en el ambiente cuando el nivel de humedad es alto. Estos experimentos demostraron que el proceso de biodescontaminación es de hecho un proceso de dos etapas. Para lograr la descontaminación, primero se debe vaporizar y, segundo, el vapor debe condensarse. Algunos referentes como Tim Coles, en su artículo Understanding the VH2O2 decontamination process, han denominado microcondensación a esta condensación primaria. Ésta se produce cuando la mezcla llega a la saturación. De hecho, esta condensación, que es prácticamente invisible, es considerado el verdadero causante del efecto esporicida porque se trata de H2O2 concentrado. En definitiva, si la intención es descontaminar superficies y los microorganismos están en las superficies, centrémonos en llevar el H2O2 a las superficies. Esto se conseguirá mejor provocando micro-condensado de H2O2 que produciendo una alta concentración de H2O2 en fase gaseosa.
En conclusión, la clave de la biodescontaminación es cómo se maneja el proceso de distribución del vapor y cómo lograr que la microcondensación se produzca sobre las superficies, no tanto la tecnología de vaporización en sí misma y/o la concentración ambiental alcanzada. La tecnología que consiga una distribución más homogénea del peróxido, con menor consumo de peróxido y menor tiempo en global, incluyendo pre-acondicionamiento, contacto y aireación, será la que ofrecerá mayores ventajas y beneficios. En este sentido, la nebulización tiene un potencial enorme que vale la pena explorar.
Falacia nº2 – El vapor seco de H2O2 (VHP) no es corrosivo, el vapor húmedo o nebulización sí.
Esta otra afirmación proviene de la creencia de que el VHP es un gas y ello permite un proceso seco sin condensación, evitando la corrosión. Pero el VHP no es un gas, es un vapor. El generador VHP trata de obtener unas condiciones ambientales con baja humedad y alta concentración. No obstante, aún en esas condiciones ambientales, el H2O2 y su diluyente, el H2O, se encuentran por debajo de su punto de ebullición. En estas condiciones, el vapor no se comporta como un gas perfecto. En otras palabras, en las condiciones ambientales existentes en las salas limpias, el H2O2 vaporizado, se genere directamente por calentamiento o por nebulización, puede llegar a condensar aun cuando la humedad relativa sea muy inferior al 100%. En realidad el H2O2 y el H2O no condensan simultáneamente. Esto se debe a sus diferentes puntos de ebullición y/o presión de vapor. Una mezcla H2O2 y H2O vaporizado saturará antes (Saturación Relativa) de lo que sucedería siendo sólo vapor de agua (Humedad Relativa). Y es precisamente, al llegar al 100% de saturación relativa, que la molécula de mayor peso molecular (H2O2) condensará sin que prácticamente condense agua (H2O). Este fenómeno, la microcondensación, es el verdadero responsable del efecto esporicida y sucede en todos los procesos de biodescontaminación.
En cuanto a la corrosión, por lo descrito anteriormente, tanto si el proceso es seco como húmedo, habrá condensación de H2O2. La cuestión es no exceder de cierta cantidad de condensación y qué nivel de concentración conlleva esa condensación. Inyectar una solución al 35% de H2O2 (habitual en procesos de vaporización) permite alcanzar concentraciones ambientales más altas, pero también que el condensado sea mucho más concentrado y, por tanto, más corrosivo. En cambio, las soluciones empleadas habitualmente en nebulización, que tienen una concentración inicial de entre el 8 y el 12%, son menos agresivas. Un exceso de condensación, por ejemplo, debida a una zona más fría en una sala, podría resultar corrosiva si partiéramos de H2O2 al 35% y mucho más tolerable si la solución empleada es del 12%. O sea, una cosa compensa la otra.
En conclusión, el riesgo de corrosión, si estuviera asociado a la condensación, se podría dar tanto en un sistema como en otro y, en todo caso, su grado de afectación está más relacionado con una mala definición del proceso que con la tecnología utilizada.
Continuará…



